Muere Steve Jobs

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El mundo de la tecnología se ha levantado hoy con una triste noticia, que sin duda eclipsa a cualquier otra que podamos contar. Steve Jobs, fundador de Apple en 1976 y CEO de la compañía hasta este mismo agosto, ha fallecido a causa del cáncer de  páncreas que le acosaba desde 2004. Los últimos rumores sobre su salud eran preocupantes, sobre todo después de que dejara su cargo a su mano derecha, Tim Cook, el pasado 24 de agosto. Sin embargo, el secretismo y la privacidad que Jobs siempre se ha esforzado en mantener alrededor de su vida personal han hecho que este desenlace nos haya sorprendido, a pesar de todo.

Con tantos fans como detractores, la figura de Jobs nunca ha pasado desapercibida para los amantes de la tecnología, y la noticia de su muerte tampoco deja indiferente a nadie. Aunque la política de Apple guste más o menos, no se puede negar que introdujo un gran valor en el mercado, un elemento que es sin duda el mayor impulso para la creación de avances en cualquier sector: la competencia. Apple, con el lanzamiento de su ordenador Macintosh, fue la primera compañía en plantar cara al entonces gigante IBM, dueño del monopolio en el terreno de la informática.

 La rivalidad con Microsoft y, más recientemente, con Android en el campo de la telefonía móvil, han marcado decisivamente la trayectoria de Apple y su afán por explorar siempre nuevos caminos y experiencias. Y en ello ha sido determinante, cómo no, la figura de Jobs, siempre decidido a buscar ese “más difícil todavía”, y a intentar dar forma a los deseos y demandas de los usuarios en cada momento, sin importar las supuestas limitaciones.

Os dejamos con el discurso que ofreció, en 2005, en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford, institución a la que asistió pero donde nunca llegó a graduarse. Sus palabras ejemplifican el legado y la filosofía de vida que ha sabido insuflarle a Apple, y que ahora deberá perdurar sin él.