Signal, bajo el foco tras un error humano que expone planes militares

La presidenta de Signal, Meredith Whittaker, ha salido al paso de las críticas para defender la seguridad de la plataforma tras un incidente que ha puesto en jaque la confianza de algunos usuarios. El episodio, que roza lo surrealista, demuestra que la tecnología puede ser extremadamente segura, pero el factor humano sigue siendo el eslabón más débil de la cadena.

El periodista Jeff Goldberg, editor de la revista The Atlantic, fue invitado accidentalmente a un grupo de chat de Signal donde una veintena de altos cargos del gobierno y de las fuerzas armadas estadounidenses debatían información de máxima sensibilidad. Entre los participantes se encontraban figuras como el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el vicepresidente, J. D. Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio; y el asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz.

En esa conversación se discutieron operaciones militares inminentes, como los ataques contra los hutíes en Yemen, que se produjeron pocas horas después de haber sido mencionados en la sala. Tras percatarse del error, Goldberg abandonó el grupo y denunció públicamente el fallo, un descuido difícil de justificar en un entorno donde la seguridad debería ser inquebrantable.

Ante el revuelo mediático y las inevitables comparaciones con WhatsApp, Whittaker ha defendido públicamente las capacidades de Signal, subrayando que el problema radica en el uso indebido por parte de los usuarios y no en la plataforma.

La diferencia entre seguridad tecnológica y errores humanos

Signal es reconocido mundialmente como uno de los servicios de mensajería más seguros gracias a su protocolo Signal Messaging Protocol, considerado el estándar de oro en comunicaciones privadas. Además, es un proyecto de código abierto, sin ánimo de lucro, mantenido por donaciones y sin vínculos con grandes corporaciones tecnológicas. Su transparencia y la auditoría constante de la comunidad técnica garantizan un alto nivel de confianza.

La aplicación ofrece cifrado de extremo a extremo en chats de texto, llamadas de voz y videollamadas, así como transferencia segura de archivos. Sin embargo, la presidenta de Signal ha recordado que ningún sistema puede proteger a los usuarios de errores humanos como invitar accidentalmente a un periodista a una conversación que debería haber estado confinada a altos mandos militares.

La respuesta de Meredith Whittaker

En sus declaraciones, Whittaker ha enfatizado la diferencia entre Signal y otras plataformas, especialmente WhatsApp. Ha subrayado que, aunque WhatsApp utiliza la tecnología de cifrado de Signal para proteger el contenido de los mensajes de sus usuarios particulares, no aplica este nivel de protección a los metadatos, como la lista de contactos, la frecuencia de las conversaciones o las imágenes de perfil.

En su cuenta de X (antes Twitter), Whittaker escribió:

«Signal es el estándar de oro en comunicaciones privadas. Somos de código abierto, sin ánimo de lucro, y aplicamos tecnología de cifrado y preservación de privacidad en todo nuestro sistema. La diferencia con WhatsApp es que ellos protegen el contenido, pero no los metadatos, y estos son igual de reveladores.»

Intentos de hackeo y espionaje

El asunto es aún más delicado después de que investigadores de Google hayan detectado ciberataques de grupos vinculados al gobierno ruso tratando de acceder a cuentas de Signal relacionadas con el incidente. Este tipo de episodios subraya la importancia de la ciberseguridad y la vulnerabilidad que representa cualquier error humano, incluso en plataformas diseñadas para ser prácticamente inexpugnables.

Conclusión

Signal es, sin lugar a dudas, una de las aplicaciones más seguras para comunicaciones privadas. No obstante, la seguridad tecnológica no puede proteger de la imprudencia humana. La lección que deja este episodio es clara: ningún sistema es infalible si quienes lo usan no son conscientes de su responsabilidad. Y aunque Signal permanezca como referente en privacidad, discutir planes de guerra en un grupo donde accidentalmente hay un periodista roza el guion de una comedia, si no fuera por lo serio del asunto.

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